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Terapia CAR-T: el tratamiento que reprograma el sistema inmunitario contra el cáncer

La terapia CAR-T es una de las estrategias más avanzadas de la medicina actual contra el cáncer. Su idea parece casi de ciencia ficción, pero es muy real: obtener células inmunitarias del propio paciente (encargadas de la defensa del organismo frente a enfermedades), modificarlas en el laboratorio para que identifiquen el tumor y devolverlas al […]

Isabel Cuadrado
Fecha de publicación:
mayo 22, 2026
Fecha de revisión:
junio 10, 2026
car-t cris contra el cancer

La terapia CAR-T es una de las estrategias más avanzadas de la medicina actual contra el cáncer. Su idea parece casi de ciencia ficción, pero es muy real: obtener células inmunitarias del propio paciente (encargadas de la defensa del organismo frente a enfermedades), modificarlas en el laboratorio para que identifiquen el tumor y devolverlas al organismo para que lo ataquen de manera efectiva y dirigida.

No consiste en tratar el cáncer con un fármaco general, sino en enseñarle al sistema inmunitario a encontrar y acabar con el tumor. 

Esto convierte la terapia CAR-T en un tratamiento muy particular. No es una terapia que hoy en día funcione en cualquier tumor, ni está indicada en todos los momentos de la enfermedad, pero en determinados cánceres de la sangre ha supuesto un cambio de paradigma, sobre todo en pacientes cuyo cáncer había reaparecido o ya no respondía a otras opciones. 

Además, ha cambiado la manera de entender el tratamiento del cáncer. Ya no se trata solo de destruir el tumor desde fuera, sino de convertir al propio paciente en parte activa del tratamiento.

Sobre esta idea se asienta la terapia CAR-T, que representa en un ejemplo claro del avance hacia la medicina personalizada.

Índice de contenidos

Pero ¿Qué es la terapia CAR-T?

Es un tipo de inmunoterapia celular. Dicho de forma sencilla: utiliza células del sistema inmunitario, en concreto los linfocitos T, para que busquen y eliminen células cancerosas. Estas células T ya existen en el organismo y ayudan a defender el cuerpo frente a infecciones y otras enfermedades, incluido el cáncer.

No obstante, a veces, las células tumorales consiguen pasar desapercibidas o desarrollar mecanismos que bloquean la acción de estas células inmunitarias.

La terapia CAR-T intenta resolver ese problema, al ayudar a los linfocitos T a encontrar a las células tumorales y destruirlas.   

Su nombre viene de Chimeric Antigen Receptor T-cell, es decir, linfocitos T con un receptor quimérico de antígeno (CAR).

¿Y qué significa eso? Pues se refiere a añadirles una especie de radar a ese linfocito T, con el que puede rastrear células por todo el organismo y localizar el cáncer con gran precisión. 

No es una terapia de primera línea en la mayoría de los casos. Suele emplearse cuando otros tratamientos no han funcionado bien o cuando la enfermedad ha reaparecido. Por eso suele reservarse para situaciones complejas, donde ofrecer una opción nueva puede marcar una diferencia importante. 

Cómo funciona la terapia CAR-T

El receptor CAR, que funciona como una especie de radar, es una molécula construida con trozos de otras moléculas; por eso se llama quimera. Este receptor se añade a la superficie de los linfocitos T para que puedan reconocer un elemento concreto presente en las células tumorales, pero que no esté en células sanas.

En lugar de depender únicamente del reconocimiento natural del sistema inmunitario, se diseña un receptor a medida para que la célula T se una a una proteína específica del cáncer.

A) El receptor CAR: detectar, fijarse y activar el ataque

El receptor CAR tiene tres funciones principales:

  1. Detectar la señal en la superficie de la célula tumoral.
  2. Mantenerse fijado a la membrana del linfocito T.
  3. Transmitir al interior de la célula la orden de activarse y atacar.

Por tanto, el CAR no solo detecta el cáncer: también desencadena la respuesta inmunitaria.

Esto es importante porque muchas células tumorales no son fáciles de distinguir de las células normales. El tumor aprovecha esa confusión para crecer. La gran aportación del CAR es reducir esa ambigüedad y dirigir la respuesta inmunitaria de forma mucho más concreta.

B) Reprogramar las células del propio paciente

Para fabricar una terapia CAR-T, primero se extraen linfocitos T del propio paciente. Después, en el laboratorio, con instrumentos y equipamientos de gran precisión, se introduce en esas células la información genética necesaria para que ellas mismas fabriquen el receptor CAR.

De esta forma, las células se reprograman. No se cambia el ADN de todo el cuerpo, sino que solo se modifican unas células concretas fuera del organismo para darles una nueva herramienta.

C) Multiplicación e infusión de las células CAR-T

Una vez armadas con el CAR, estas células se multiplican en el laboratorio hasta obtener una cantidad suficiente para el tratamiento. Luego se vuelven a infundir al paciente.

Si todo va bien, esas células circulan por el organismo, reconocen a las células tumorales que llevan la señal adecuada y las destruyen. Además, algunas pueden persistir durante un tiempo y seguir vigilando por si el cáncer reaparece.

Esta parte explica por qué se considera una terapia personalizada: cada producto se fabrica a partir de las células del propio paciente y se diseñan radares específicos para cada tipo de cáncer.

En otras palabras, se trata de un tratamiento elaborado específicamente para esa persona.

Fases del tratamiento Car T
Proceso de la obtención y aplicación de células Car T

Diferencias con otras terapias celulares e inmunoterapia

La terapia CAR-T se diferencia de otras formas de inmunoterapia, como los anticuerpos monoclonales o los inhibidores de puntos de control inmunitario, porque aquí se manipulan células vivas.

El tratamiento no es simplemente una sustancia administrada por vena: son células reprogramadas que pueden expandirse dentro del organismo y seguir actuando. 

Otra diferencia clave es que, hoy por hoy, donde más claramente ha demostrado eficacia es en ciertos cánceres de la sangre.

En los tumores sólidos, como los de pulmón o mama, la investigación sigue avanzando, pero los obstáculos son mayores.

El ambiente que rodea al tumor, la dificultad para encontrar señales adecuadas en las células tumorales y la capacidad del tumor para esconderse o cambiar hacen que el reto sea mucho más complejo.

Proceso completo o fases de la terapia CAR-T

La terapia CAR-T no sucede en un solo día ni se introduce una sola vez en paciente. Es un proceso largo, planificado y muy controlado, que requiere coordinación entre distintos profesionales y varias fases sucesivas. Por eso debe realizarse en centros especializados y con equipos formados para el desarrollo de esta terapia celular. 

Las fases del tratamiento son:

1. Evaluación y selección del paciente

Antes de iniciar una terapia CAR-T, el equipo médico estudia si ese tratamiento realmente puede beneficiar al paciente. Se revisan el tipo de cáncer, los tratamientos previos, la evolución de la enfermedad, el estado general y otros análisis complementarios.

En resumen, hace falta valorar si ese cáncer tiene las características para las que la terapia CAR-T esté indicada y si la persona puede afrontar el proceso con seguridad. 

En esta fase también se explican los beneficios esperables y los riesgos. Este paso previo es muy importante porque la terapia CAR-T puede ser muy efectiva, pero también puede provocar efectos adversos serios y requiere vigilancia estrecha. 

2. Obtención y preparación de células T

Si el paciente es candidato, el siguiente paso es obtener sus linfocitos T. Esas células se obtienen a partir de la sangre y constituyen la materia prima del tratamiento. 

La recogida de linfocitos T se hace mediante un procedimiento llamado aféresis. La sangre del paciente pasa por una máquina que separa determinados componentes, en este caso, las células que interesan, y devuelve el resto al organismo.

No es una cirugía, pero sí un procedimiento que requiere tiempo y supervisión. Es una fase técnica, pero esencial: si no hay buenas células de partida, no puede haber una buena CAR-T. 

Después de la aféresis, las células se envían a un laboratorio especializado. Allí se introduce el fragmento de ADN con las instrucciones que permite a las células fabricar el receptor CAR y, más tarde, esas células modificadas se expanden hasta obtener millones de copias. Es decir, no solo se reprograman, sino que se multiplican para disponer de una cantidad suficiente para el tratamiento. 

Esta fase lleva tiempo, y puede prolongarse unas cuantas semanas, según cada caso, hasta disponer del producto final. Hay que valorar muy bien estos tiempos en la valoración de si se aplica CAR-T a un paciente, porque durante ese tiempo la enfermedad puede seguir avanzando y puede necesitarse un tratamiento intermedio.

3. Terapia puente y quimioterapia previa

Mientras se fabrica la terapia CAR-T, algunos pacientes pueden necesitar una terapia puente para mantener la enfermedad controlada. No forma parte del producto CAR-T como tal, pero sí del proceso clínico real: sirve para ganar tiempo y evitar que el tumor progrese demasiado durante la espera. 

Además, pocos días antes de la infusión suele administrarse un ciclo corto de quimioterapia, que reduce temporalmente otras células inmunitarias y facilita que las CAR-T se activen y se expandan mejor una vez entren en el organismo.

4. Infusión de células CAR-T

Cuando el producto está listo, las células CAR-T se administran por vía intravenosa. La infusión puede recordar a una transfusión, aunque lo que se introduce no es sangre, sino un tratamiento celular vivo.

Tras entrar en el organismo, esas células se multiplican y empiezan a buscar las células tumorales que muestran la señal para la que fueron diseñadas. 

Aunque la infusión en sí puede durar relativamente poco, el momento importante no termina ahí. Lo crucial es lo que sucede después: cómo responden las células, cómo reacciona el cuerpo y si aparecen signos tempranos de toxicidad o, por el contrario, de eficacia. 

5. Seguimiento y cuidados posteriores

Tras la infusión, el paciente necesita un seguimiento muy estrecho. La terapia CAR-T debe administrarse en centros con experiencia, precisamente porque algunas complicaciones pueden aparecer en los días o semanas posteriores. 

Este seguimiento, clave para la seguridad del paciente, busca detectar cuanto antes cualquier reacción importante.

Los equipos médicos observan al paciente porque algunas toxicidades pueden evolucionar rápido y necesitan tratamiento precoz.

La experiencia acumulada en los últimos años ha mejorado mucho la capacidad para reconocer y anticiparse a estas complicaciones. 

Un ejemplo de los posibles efectos secundarios es el conocido como síndrome de liberación de citocinas (CRS, por sus siglas en inglés). Ocurre cuando las células activadas liberan grandes cantidades de citoquinas, que son moléculas de señalización del sistema inmunitario. Si esa respuesta es muy intensa, puede producir fiebre alta, bajada de tensión, falta de oxígeno y otros síntomas importantes. 

En la actualidad, los equipos saben mucho mejor cómo manejarlo que en los primeros años de esta terapia. Hoy existen estrategias y medicamentos para controlar los casos graves, con el reconocimiento precoz siendo sido decisivo para hacer el tratamiento más seguro. 

cart t proceso

Aplicaciones de la terapia CAR-T en diferentes tipos de cáncer

Las CAR-T no se usan por igual en todos los tipos de cáncer. Hasta ahora, donde han dado mejores resultados y han llegado a aprobarse como tratamiento habitual es en varios cánceres hematológicos, es decir, cánceres que afectan a células de la sangre o del sistema linfático, el conjunto de vasos y otras estructuras que transportan células inmunitarias y sustancias de desecho por el organismo.

¿Por qué la terapia CAR-T funciona mejor en algunos cánceres?

Esto, como se ha comentado antes, tiene una explicación biológica. En muchos tumores hematológicos es más fácil encontrar una señal en la superficie de las células tumorales, como las proteínas CD19 o BCMA, que puedan detectar las terapias CAR-T.

En los tumores sólidos, en cambio, es más difícil encontrar una señal exclusiva y única del tumor y lograr que las células lleguen, entren y funcionen bien dentro de un entorno tumoral hostil.

Terapia CAR-T en leucemia linfoblástica aguda de células B

La leucemia linfoblástica aguda de células B fue uno de los primeros grandes escenarios de éxito para la CAR-T. Varios estudios han descrito respuestas muy positivas en pacientes, sobre todo niños y adultos jóvenes, cuya enfermedad había recaído o no respondía a los tratamientos habituales.

Esto convirtió a la CAR-T en una opción especialmente importante para situaciones donde las alternativas eran muy limitadas.

De repente, un tratamiento experimental basado en células reprogramadas no solo parecía ingenioso, sino que empezaba a demostrar resultados reales en pacientes con importantes necesidades clínicas.

Terapia CAR-T en linfomas y mielomas

Algo similar ocurre con ciertos linfomas y mielomas, que ya cuentan con terapias CAR-T aprobadas. Para muchos pacientes, esto representa una opción cuando la enfermedad vuelve a aparecer tras varias líneas de tratamiento.

No significa que la terapia CAR-T cure siempre el cáncer, pero sí que ha pasado a formar parte del arsenal terapéutico de una enfermedad especialmente compleja.

Terapia CAR-T en tumores sólidos: una línea de investigación en desarrollo

La investigación intenta ahora llevar la terapia CAR-T más allá de los cánceres de la sangre. El gran objetivo es hacer que también funcione bien en tumores sólidos.

Pero aquí el problema es más difícil: no basta con reconocer el tumor, también hay que llegar hasta él, entrar en su microambiente y seguir siendo eficaz dentro de un entorno que suele bloquear al sistema inmunitario.

Terapia CAR-T en tumores gastrointestinales

Los tumores gastrointestinales son uno de los campos de estudio actuales. El interés es enorme porque muchos de estos cánceres siguen teniendo mal pronóstico en fases avanzadas, pero el desarrollo de CAR-T aquí se enfrenta a retos biológicos importantes:

  • Heterogeneidad tumoral, es decir, existencia de células diferentes dentro de un mismo tumor.
  • Barreras físicas.
  • Riesgo de atacar tejidos sanos adyacentes si la diana elegida para el CAR-T no es suficientemente específica.

Terapia CAR-T en cáncer de pulmón

En el cáncer de pulmón también se estudian estrategias CAR-T, pero el reto es parecido: encontrar dianas seguras y lograr una actividad mantenida dentro del tumor.

Terapia CAR-T en cáncer de próstata y otros tumores sólidos

Lo mismo ocurre con el cáncer de próstata y otros tumores sólidos: hay interés, hay desarrollo tecnológico y hay trabajo experimental, pero todavía no es el territorio donde la CAR-T ha mostrado el mismo nivel de éxito que en leucemias, linfomas o mieloma.

A día de hoy, el uso de estas terapias se mantiene en investigación, con múltiples ensayos clínicos en tumores sólidos.

Investigación en terapias celulares para distintos tipos de cáncer

Desde CRIS Contra el Cáncer apoyamos diversos proyectos enfocados en el desarrollo de este tipo de terapias celulares para distintos tipos de cáncer, como el de ovario, sarcomas, tumores torácicos, tumores cerebrales, e incluso metástasis.

Principales retos de la investigación actual en CAR-T

Más allá de su posible uso en tumores sólidos, la investigación actual se centra en responder tres grandes preguntas:

  1. Cómo hacer que las CAR-T duren más en el organismo.
  2. Cómo evitar que el tumor escape cambiando su diana.
  3. Cómo disminuir los efectos secundarios.

Estas líneas también están promovidas por investigadores CRIS, con investigaciones como el Proyecto CRIS de Células CAR-T Universales para Niños, el Ensayo TOTALCURE, el Proyecto CRIS de Inmunoingeniería y Nuevas Terapias Celulares, Proyecto CRIS de Células Inmunitarias Nano-guiadas para Tumores Sólidos Pediátricos, o el Proyecto CRIS de CAR-T en Mieloma Múltiple

Efectos secundarios asociados a la terapia CAR-T

Entre las líneas de investigación al respecto, destaca especialmente la que se dedica a reducir los posibles efectos secundarios de esta terapia celular, y es que las CAR-T pueden ser muy eficaces, pero también puede conllevar efectos adversos graves.

Esto no le resta valor; simplemente obliga a tratarla con el respeto clínico que merece. De hecho, tanto la American Cancer Society como Mayo Clinic subrayan que debe administrarse en centros especializados precisamente por la necesidad de monitorizar estrechamente al paciente.  

Algunos síntomas son relativamente frecuentes tras la infusión o durante la respuesta inmune inicial. Las fuentes de la American Cancer Society mencionan fiebre, cansancio importante, náuseas, vómitos, diarrea, dolor de cabeza, mareo o sensación de malestar general como parte de esa fase inflamatoria. 

Se podría decir que el organismo nota que algo está pasando. El sistema inmunitario se activa, y esa activación puede manifestarse de forma intensa. Por eso el entorno hospitalario y la vigilancia son tan importantes. 

Por otro lado, las complicaciones más preocupantes incluyen:

Síndrome de liberación de citoquinas (CRS por su siglas en inglés)

Es la complicación más conocida. Se produce cuando la activación de las células inmunitarias genera una liberación rápida y masiva de moléculas de señalización en la sangre, que, a su vez, activan aún más al sistema inmunitario. Puede manifestarse con fiebre alta, escalofríos, taquicardia, hipotensión, dificultad respiratoria o disminución del oxígeno. 

Aunque puede ser grave, los equipos clínicos tienen cada vez más herramientas para reconocerlo y tratarlo. El NCI explica que parte del avance de la terapia CAR-T no ha estado solo en hacerla funcionar, sino en aprender a controlar mejor sus efectos secundarios. 

Infecciones

La American Cancer Society señala que la terapia puede debilitar temporalmente el sistema inmunitario y aumentar el riesgo de infecciones graves. Además, la destrucción de células B normales cuando la diana está también presente en ellas puede afectar a la producción de anticuerpos. 

Esto significa que el paciente no solo necesita que se vigile la respuesta frente al cáncer, sino también su capacidad de defenderse de infecciones. Por eso el seguimiento no se limita al tumor: abarca la salud global de la persona. 

Neurotoxicidad

Es un efecto secundario que puede aparecer en algunas personas después del tratamiento y que afecta de forma temporal al cerebro y al sistema nervioso. Puede notarse como dificultad para hablar, confusión, somnolencia o problemas para concentrarse, pero el equipo médico la vigila muy de cerca para detectarla pronto y tratarla si aparece; en la mayoría de los casos, mejora con el seguimiento adecuado.

Bajada de recuento sanguíneo

Significa que temporalmente pueden disminuir los glóbulos rojos, los glóbulos blancos o las plaquetas. Esto puede causar más cansancio, mayor riesgo de infecciones o tendencia a los moratones y al sangrado, pero el equipo médico lo controla de cerca y, cuando hace falta, puede tratarse con transfusiones o medicación de apoyo.

La experiencia clínica acumulada ha mejorado mucho el manejo. Es decir, no se han eliminado todos los riesgos, pero hoy los equipos saben mejor qué vigilar, cuándo intervenir y qué tratamientos emplear. Eso ha sido clave para que la CAR-T se incorpore de manera más segura a la práctica clínica. 

En otras palabras: la seguridad en CAR-T no depende solo del producto celular, sino del sistema completo que lo rodea. Laboratorio, hospital, protocolos, monitorización y apoyo al paciente forman parte del mismo tratamiento. 

El futuro de las CAR-T

El futuro de estas terapias pasa por hacerlas cada vez más precisas, más seguras y más útiles para más tipos de cáncer.

Una de las líneas más prometedoras son las CAR que reconocen dos dianas a la vez en la superficie de la célula tumoral: así, aunque el tumor oculte una de ellas, sigue siendo más difícil que consiga escapar por completo.

También han surgido variaciones de las CAR-T, como las CAR-NK (que usan células “Natural Killer”, otro tipo de célula inmunitaria diferente de los linfocitos T) o las llamadas STAb, que intentan mantener la potencia contra el cáncer, pero con menos toxicidad y tratamientos más sencillos.

Desde CRIS Contra el Cáncer financiamos diversas investigaciones con estos objetivos, entre ellas, el Proyecto CRIS de Células CAR-T Universales para Niños, el Ensayo TOTALCURE, el Proyecto CRIS de Inmunoingeniería y Nuevas Terapias Celulares, Proyecto CRIS de Células Inmunitarias Nano-guiadas para Tumores Sólidos Pediátricos, o el Proyecto CRIS de CAR-T en Mieloma Múltiple

Otro gran reto, como se ha comentado, es llevar estas terapias más allá de los cánceres de la sangre y conseguir que funcionen mejor en tumores sólidos, donde el acceso de las células al tumor sigue siendo un problema importante.

A esto se suma la necesidad de fabricar más rápido, reducir costes y facilitar el acceso, porque el verdadero avance no está solo en que la terapia Car-T funcione, sino en que pueda llegar a tiempo a quienes la necesitan.

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