Un estudio liderado por investigadores de la Unidad CRIS de Tumores Hematológicos del Hospital Universitario 12 de Octubre muestra que detectar ADN del tumor en la sangre puede ayudar a identificar a los pacientes con mayor riesgo de que la enfermedad reaparezca.
- El estudio analizó 292 muestras de sangre de 84 pacientes con mieloma múltiple.
- La presencia de ADN tumoral en sangre se relacionó con un mayor riesgo de progresión de la enfermedad o fallecimiento.
- La prueba podría complementar los análisis de médula ósea y facilitar un seguimiento más frecuente y menos invasivo.
Investigadores de la Unidad CRIS de Tumores Hematológicos del Hospital Universitario 12 de Octubre han desarrollado una técnica de alta sensibilidad que permite detectar en la sangre pequeñas señales del mieloma múltiple y predecir qué pacientes tienen un mayor riesgo de recaída de esta enfermedad.
El trabajo ha sido coordinado por el Dr. Joaquín Martínez-López, director de la Unidad CRIS de Tumores Hematológicos del Hospital Universitario 12 de Octubre y cuenta con la participación de numerosos centros españoles especializados en mieloma múltiple. Entre ellos se encuentra el laboratorio del Dr. Bruno Paiva, investigador galardonado con el programa CRIS de Excelencia en el Centro de Investigación Médica Aplicada de la Clínica Universidad de Navarra (CIMA-CUN), en Pamplona.
Los resultados, publicados en la revista científica HemaSphere, muestran que la presencia de ADN tumoral en sangre durante el seguimiento se asocia con una evolución menos favorable de la enfermedad. El trabajo abre la puerta a utilizar una simple extracción de sangre para complementar las pruebas actuales, reducir la necesidad de otros procedimientos más invasivos y vigilar más estrechamente a los pacientes con mayor riesgo.
Detectar las huellas que deja el tumor en la sangre
El mieloma múltiple es un cáncer de la sangre que afecta a unas células de la médula ósea, llamadas plasmáticas, encargadas normalmente de producir anticuerpos frente a las infecciones. Cuando estas células se vuelven tumorales, se acumulan en la médula ósea, alteran la producción de otras células y pueden provocar anemia, lesiones en los huesos, problemas renales, aumento del calcio en la sangre y una mayor vulnerabilidad frente a las infecciones.
En España, unas 3.500 personas son diagnosticadas cada año de esta enfermedad. Aunque los tratamientos han mejorado considerablemente el pronóstico, algunas células tumorales pueden permanecer en el organismo tras las terapias, en cantidades tan pequeñas que no provocan síntomas ni pueden detectarse mediante las pruebas habituales.
Esta pequeña cantidad de células tumorales que persisten después del tratamiento se conoce como enfermedad mínima residual. Detectarlas es muy importante, ya que permite conocer con mayor precisión la respuesta al tratamiento y estimar el riesgo de que la enfermedad vuelva a aparecer. Pero, a su vez, detectarlas cuando las cantidades son muy bajas es un reto técnico enorme.
Actualmente, su evaluación se realiza principalmente mediante un aspirado de médula ósea. Este procedimiento consiste en introducir una aguja en el hueso, generalmente en la pelvis, para extraer y analizar una muestra de médula. Aunque proporciona información muy valiosa, es invasivo, puede resultar molesto y no puede repetirse con demasiada frecuencia.
Además, el mieloma no siempre se distribuye de manera uniforme por toda la médula ósea. Una muestra obtenida en un único punto podría no reflejar completamente lo que está sucediendo en otras zonas.
Para superar estas limitaciones, los investigadores han estudiado restos de ADN de las células tumorales que acaban en el torrente sanguíneo. Cuando las células del mieloma mueren o se rompen, liberan a la sangre fragmentos muy pequeños de su material genético. Estos trozos de ADN no son perjudiciales en sí, pero detectarlos permite buscar señales de la enfermedad mediante una biopsia líquida, es decir, a partir de una extracción de sangre.
Una prueba personalizada para cada paciente
Como se indicaba anteriormente, detectar estos fragmentos de ADN es un reto técnico que ha sido imposible hasta hace muy pocos años. Para aumentar al máximo la sensibilidad del análisis, el equipo estudió primero las alteraciones genéticas presentes en las células tumorales de cada paciente en el momento del diagnóstico. A partir de esta información, diseñó una prueba personalizada que buscaba en las muestras de sangre las mutaciones características de cada tumor.
Es, en cierto modo, como identificar previamente las huellas genéticas del mieloma de cada persona para poder rastrearlas más adelante, incluso cuando aparecen en cantidades extraordinariamente pequeñas.
El estudio incluyó a 84 pacientes con mieloma múltiple recién diagnosticado. En total, se analizaron 292 muestras de sangre recogidas en distintos momentos del seguimiento. En el 92 % de los pacientes, los investigadores pudieron identificar alteraciones genéticas propias de cada tumor y utilizarlas como una huella para analizar la enfermedad en la sangre mediante biopsia líquida. Esto significa que la técnica pudo aplicarse a la gran mayoría de los pacientes incluidos en el estudio.
Los investigadores también mejoraron el procesamiento de las muestras para recuperar la mayor cantidad posible de ADN tumoral y eliminar fragmentos procedentes de células sanas que podían ocultar su señal. Gracias a esta optimización, la prueba llegó a detectar, en algunas muestras, aproximadamente un fragmento de ADN tumoral entre un millón de fragmentos de ADN de otras células presentes en la sangre.
Una señal de alerta ante una posible recaída
De los pacientes evaluados mediante esta técnica, nueve presentaron ADN tumoral detectable en algún momento del seguimiento. En ocho de ellos, la enfermedad volvió a avanzar posteriormente.
Esto se tradujo en un valor predictivo positivo del 88,9 %: es decir, casi nueve de cada diez pacientes con un resultado positivo en sangre acabaron presentando una progresión durante el periodo estudiado.
Además, tras tener en cuenta otros factores, la presencia de ADN tumoral en sangre se asoció con un riesgo de avance de la enfermedad o fallecimiento más de once veces superior al de los pacientes en los que no se detectó esta señal.
Estos resultados indican que la biopsia líquida podría funcionar como una señal de alerta: permitiría identificar a pacientes que, aunque aparentemente mantienen una respuesta completa, podrían estar próximos a sufrir una recaída.
Complementar el análisis de médula ósea
No obstante, la prueba en sangre no identificó a todos los pacientes que acabaron presentando una progresión de la enfermedad. Su sensibilidad para anticipar estos casos fue del 61,5 %, frente al 83,3 % del análisis convencional de médula ósea. Sin embargo, cuando se detectaba ADN tumoral en la sangre, el resultado señalaba con gran precisión a los pacientes con mayor probabilidad de recaída.
Por ello, los investigadores plantean esta estrategia como una herramienta complementaria, no como una sustitución inmediata de las pruebas actuales. Las extracciones de sangre podrían realizarse con mayor frecuencia entre dos análisis de médula ósea y ayudar a distinguir, dentro de los pacientes que todavía presentan enfermedad residual, quiénes tienen un riesgo más inminente de progresión.
En el futuro, esta información podría ayudar a personalizar el seguimiento, intensificar la vigilancia de los pacientes con mayor riesgo y estudiar si intervenir antes permite mejorar su evolución.
Hacia un seguimiento más preciso y menos invasivo
Los investigadores señalan que serán necesarios estudios más amplios para confirmar estos resultados y determinar cómo podría incorporarse esta prueba a la práctica clínica.
Aun así, el trabajo supone un paso importante hacia un seguimiento más preciso y menos invasivo del mieloma múltiple. Analizar periódicamente muestras de sangre podría ofrecer una visión más continuada de la evolución de la enfermedad, reducir la necesidad de realizar aspirados de médula ósea con tanta frecuencia y ayudar a identificar antes las señales de una posible recaída.





