El cáncer colorrectal es el que se origina en el colon o en el recto, las dos partes finales del aparato digestivo que forman el intestino grueso. Su función es absorber agua y sales de los alimentos y almacenar los residuos antes de su eliminación.
Es uno de los grandes retos de la oncología actual, por el elevado número de personas a las que afecta. En España, se estima que en 2026 se diagnosticarán 44.132 nuevos casos de cáncer de colon y recto, lo que lo convierte, considerando ambos sexos, en el cáncer más diagnosticado de nuestro país. De ellos, unos 30.035 corresponderán al colon y 14.097 al recto.
Afecta tanto a hombres como a mujeres: para 2026 se estiman 26.477 nuevos casos de cáncer de colon y recto en hombres y 17.655 en mujeres. Además, sigue siendo una de las principales causas de muerte por cáncer en España: solo en 2024 el cáncer de colon provocó 10.451 fallecimientos.
¿Cómo se origina el cáncer colorrectal?
La mayoría de los cánceres colorrectales son adenocarcinomas, tumores que se desarrollan a partir de las células que recubren el interior del colon y del recto.
Muchos comienzan con la aparición de pólipos, pequeños crecimientos en la pared interna del intestino. La mayoría de los pólipos nunca se convertirán en cáncer, pero algunos pueden acumular alteraciones en su material genético con el paso del tiempo y evolucionar hasta convertirse en un tumor maligno.
Cuando esto ocurre, las células tumorales pueden crecer hacia las distintas capas de la pared intestinal y, en fases más avanzadas, alcanzar los ganglios linfáticos (que drenan los líquidos de los tejidos y se conectan con otras partes del cuerpo) o viajar a otros órganos a través de los vasos sanguíneos. Por este motivo, detectar y eliminar determinados pólipos antes de que progresen constituye una de las grandes oportunidades para prevenir el cáncer colorrectal.
Existen otros tipos de tumores que pueden aparecer en el colon y el recto, como algunos tumores neuroendocrinos o los tumores del estroma gastrointestinal, aunque son mucho menos frecuentes y presentan características y tratamientos diferentes.
¿Cuáles son sus síntomas?
En sus primeras fases, el cáncer colorrectal puede no producir síntomas. Cuando aparecen, algunos de los más habituales son:
- Cambios persistentes en el ritmo intestinal, como diarrea o estreñimiento.
- Presencia de sangre en las heces o sangrado rectal.
- Dolor o molestias abdominales persistentes.
- Pérdida de peso sin causa aparente.
- Cansancio o debilidad, que en algunos casos pueden deberse a una anemia.
Estos síntomas son muy frecuentes y pueden aparecer en muchas enfermedades que no son cáncer. Presentarlos no significa tener un tumor, pero es importante consultar con un profesional sanitario cuando persisten o aparecen cambios que no son habituales.
¿Qué factores pueden aumentar el riesgo?
El riesgo de desarrollar cáncer colorrectal aumenta con la edad, aunque también intervienen factores genéticos, enfermedades previas y determinados hábitos de vida.
Tener antecedentes personales de pólipos o cáncer colorrectal, familiares afectados por la enfermedad o determinados síndromes hereditarios, como el síndrome de Lynch o la poliposis adenomatosa familiar, puede aumentar el riesgo. También lo hacen algunas enfermedades inflamatorias intestinales crónicas, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa.
Además, existen factores relacionados con el estilo de vida. El consumo de tabaco y alcohol, el exceso de peso, el sedentarismo y determinados patrones de alimentación se han relacionado con un mayor riesgo de cáncer colorrectal. El informe Las cifras del cáncer en España 2026 de SEOM destaca, por ejemplo, la relación del cáncer de colon y recto con el alcohol, el tabaco y la obesidad.
Prevención y detección precoz
Una de las particularidades del cáncer colorrectal es que existen importantes oportunidades para prevenirlo o detectarlo antes de que produzca síntomas.
Los programas de cribado permiten identificar sangre no visible a simple vista en las heces mediante una prueba sencilla. Cuando el resultado lo requiere, se realiza una colonoscopia, que permite observar directamente el interior del colon y el recto y, además, retirar determinados pólipos antes de que puedan evolucionar hacia un cáncer.
Participar en los programas de cribado recomendados a partir de cierta edad, mantener una alimentación saludable, realizar actividad física regularmente, evitar el tabaco y el consumo de alcohol son algunas de las medidas que pueden contribuir a disminuir el riesgo.
Nuevas formas de detectar el cáncer: la biopsia líquida
Además de las herramientas de diagnóstico convencionales, la investigación está desarrollando métodos cada vez más sensibles y menos invasivos. Uno de los más prometedores es la biopsia líquida.
Esta técnica permite buscar en una muestra de sangre pequeños fragmentos de ADN liberados por las células tumorales, conocidos como ADN tumoral circulante. Esta información puede ayudar a estudiar las características del tumor, seguir su evolución o detectar señales de enfermedad que pueden pasar inadvertidas mediante otras pruebas.
Después de una cirugía, por ejemplo, detectar ADN tumoral en sangre puede indicar que permanecen cantidades muy pequeñas de enfermedad (lo que conocemos como enfermedad mínima residual) y que existe un mayor riesgo de recaída. La investigación estudia ahora cómo utilizar esta información para decidir con mayor precisión qué pacientes pueden necesitar tratamiento adicional y cuáles podrían evitar terapias innecesarias.
En CRIS Contra el Cáncer impulsamos diferentes proyectos en esta línea, como los de la Dra. Clara Montagut, en Barcelona, y la Dra. Noelia Tarazona, en Valencia.
Tratamiento del cáncer colorrectal
El tratamiento depende de muchos factores: la zona donde se encuentra el tumor, su extensión, las características de sus células tumorales y el estado general de cada paciente. Por eso, no existe un único tratamiento para todos los cánceres colorrectales.
La cirugía es una herramienta fundamental cuando el tumor está localizado y puede extirparse. En el cáncer de recto, la radioterapia, muchas veces combinada con otros tratamientos, también desempeña un papel importante para reducir el riesgo de recaída y facilitar la cirugía.
Cuando es necesario tratar células tumorales que pueden encontrarse en diferentes zonas del organismo se emplean tratamientos sistémicos (que actúan a nivel de todo el organismo), como la quimioterapia, la inmunoterapia y las terapias dirigidas.
Gracias al conocimiento cada vez mayor de la biología del cáncer colorrectal, hoy es posible analizar las características moleculares de cada tumor y seleccionar tratamientos dirigidos contra algunos de los mecanismos que utiliza para crecer y extenderse.
Uno de ellos es EGFR (receptor del factor de crecimiento epidérmico), una proteína situada en la superficie de algunas células que recibe señales que favorecen su crecimiento y división. En las células tumorales, esta vía puede contribuir a mantener una proliferación descontrolada. Fármacos como cetuximab o panitumumab son anticuerpos diseñados para unirse a EGFR y bloquear estas señales de crecimiento. Sin embargo, estos tratamientos no funcionan igual en todos los pacientes: antes de utilizarlos es necesario estudiar determinadas alteraciones moleculares del tumor, especialmente en genes como KRAS y NRAS, ya que algunas mutaciones mantienen activada la vía de crecimiento, aunque EGFR haya sido bloqueado.
Otra estrategia consiste en actuar sobre VEGF (factor de crecimiento endotelial vascular), una molécula fundamental para la angiogénesis, es decir, la formación de nuevos vasos sanguíneos. A medida que un tumor crece, necesita obtener oxígeno y nutrientes, por lo que puede estimular la creación de nuevos vasos que lo abastezcan. Medicamentos como bevacizumab bloquean VEGF y dificultan este proceso, reduciendo la capacidad del tumor para generar nuevos vasos sanguíneos. Estos tratamientos suelen emplearse en combinación con quimioterapia en determinados pacientes con cáncer colorrectal avanzado.
También existen tratamientos dirigidos contra otras alteraciones concretas. Por ejemplo, algunos tumores presentan una mutación en BRAF, un gen implicado en el crecimiento celular. Cuando BRAF está alterado, esta vía puede permanecer activada de forma continua y favorecer el crecimiento del cáncer. En estos casos pueden utilizarse combinaciones de fármacos dirigidos a bloquear específicamente esta señal y otras vías relacionadas.
La inmunoterapia representa otro enfoque diferente: en lugar de actuar directamente sobre una molécula necesaria para el crecimiento del tumor, ayuda al propio sistema inmunitario a reconocer y atacar las células cancerosas. Por ejemplo, los llamados inhibidores de puntos de control inmunitario permiten retirar parte de los frenos que en ocasiones el tumor utiliza para evitar la respuesta inmunitaria.
Supervivencia: los avances son reales, pero queda mucho por hacer
La supervivencia del cáncer colorrectal ha mejorado durante las últimas décadas, gracias a los programas de detección precoz, los avances en cirugía y el desarrollo de tratamientos cada vez más eficaces y personalizados.
De hecho, la supervivencia a cinco años del cáncer de colon en la década de 1970 se situaba en torno al 50%. Los últimos datos poblacionales recogidos por SEOM, correspondientes a pacientes diagnosticados entre 2013 y 2017, sitúan la supervivencia neta a cinco años del cáncer de colon en el 66,6 % en hombres y el 71,0 % en mujeres. Para el cáncer de recto es del 63,7 % y el 66,4 %, respectivamente.
Sin embargo, estas cifras cambian enormemente dependiendo de la fase en la que se detecte la enfermedad. Por eso, prevenir, detectar antes y encontrar mejores tratamientos para los tumores que recaen o desarrollan metástasis sigue siendo fundamental.
La investigación, clave para cambiar el futuro del cáncer colorrectal
En cáncer colorrectal ya no basta con desarrollar nuevos tratamientos; es necesario saber quién necesita cada tratamiento, anticiparnos a una recaída, evitar terapias innecesarias, superar las resistencias y, cuando sea posible, impedir que el cáncer llegue siquiera a desarrollarse.
Por eso, en CRIS Contra el Cáncer apoyamos investigaciones que abordan la enfermedad desde distintos frentes: desde la predisposición genética y la microbiota hasta la detección de enfermedad mínima residual, el estudio del microambiente tumoral, el desarrollo de modelos de laboratorio más realistas y la búsqueda de biomarcadores y nuevos tratamientos.
- Proyecto CRIS de Cáncer de Colon — Dra. Clara Montagut.
- Proyecto CRIS de Terapias Dirigidas en Cáncer de Colon Metastásico — Dra. Elena Élez.
- Proyecto CRIS de Predisposición al Cáncer de Colon — Dra. Ceres Fernández.
- Proyecto CRIS de Biomarcadores en Cáncer de Colon — Dra. Elena Élez.
- Proyecto CRIS de Microambiente de Cáncer de Colon — Dra. Jenniffer Linares.
- Proyecto CRIS de Modelos Avanzados en Cáncer de Colon — Dr. Luis Francisco Lorenzo.
- Proyecto CRIS de Recaídas en Cáncer de Colon — Dra. Noelia Tarazona.
- Proyecto CRIS de Microbiota en Prevención de Cáncer de Colon — Dra. Penelope Edwards.
Referencias
American Cancer Society. (s. f.). Cáncer colorrectal. https://www.cancer.org/es/cancer/tipos/cancer-de-colon-o-recto.html
Cancer Research UK. (s. f.). Bowel cancer. https://www.cancerresearchuk.org/about-cancer/bowel-cancer
Mayo Clinic. (s. f.). Cáncer de colon: síntomas y causas. https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/colon-cancer/symptoms-causes/syc-20353669
National Cancer Institute. (s. f.). Tratamiento del cáncer de colon (PDQ®)–Versión para profesionales de salud. https://www.cancer.gov/espanol/tipos/colorrectal/pro/tratamiento-colon-pdq
Sociedad Española de Oncología Médica. (2026). Las cifras del cáncer en España 2026. SEOM, en colaboración con la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN).





